lunes, 6 de enero de 2014

El despilfarro de fondos públicos que mató a un obrero en paro.



 Tenía 36 años, todo el mundo lo conocía por Suso, y su historia, la personal y la de su fallecimiento, es un hecho sonrojante que no debería pasar desapercibido para los responsables de las diversas Administraciones. Procedente de una familia que tuvo en su día un próspero negocio de pozos de barrena, últimamente las cosas no le habían ido bien e incluso una fuente municipal apunta que ya había sido denunciado un mes antes por el mismo tipo de acción. “Estaba en el paro, ya no tenía ni subsidio, así que la chatarra es una salida. Llegan las fiestas y todo el mundo quiere pasarlas dignamente”, cuenta una persona que lo conocía y prefiere mantenerse en el anonimato. “El hierro está a 0,20 céntimos el kilo, el aluminio a 0,90 y el cobre a algo más de tres euros. Allí solo quedaba por rascar algo de hierro. Para ganar 20 euros imagínate cuánto hay que cortar, unos 200 kilos, así que mira cuánto puede compensar, pero cuando hay necesidad pues hay que hacerlo”, confiesa resignada la misma fuente.
 
Cuando la pasada semana una pared del edificio se desplomó sobre este hombre, ya apenas quedaban unas ruinas de lo que había sido el Centro de Interpretación de la Naturaleza de As Gándaras de Budiño, construido en 2002, y que nunca se llegó a abrir. El edificio fue saqueado sin contemplaciones en los últimos años, de ventanas a puertas, pasando por instalaciones eléctricas o vigas.
Su depauperada imagen —tomado por la maleza, desvencijado y cayéndose a pedazos— se habia convertido en un clásico televisivo de los programas de denuncia del despilfarro que en una época supusieron los fondos europeos. Pocas cadenas habrá que no tengan en su archivo este edificio grabado en sus ruinas. Fueron 420.000 euros tirados a la basura. 300.000 aportados por la Unión Europea y 120.000 por el Ayuntamiento de O Porriño.Y lo cierto es que casi nadie parece tener la culpa de que no se haya inaugurado, que el edificio esté en ruinas o de buscar una solución administrativa a este desatino. “¿Si debería tirarse? Claro que sí, no tengo la mínima duda. Tuve intención de derribarlo cuando entré de alcalde pero me lo desaconsejaron porque se podría perder el dinero de la subvención de la UE”, explica Nelson Santos, alcalde del PP que rige desde 2010 los destinos del Ayuntamiento de O Porriño, y que añade estar “esperando el expediente del edificio para tratar de ordenar que se derribe de una vez”. Santos lamenta la carencia de planificación que en su día tuvo el edificio, “para tratar de entregarlo a la Xunta y que tuviese alguna finalidad, dinamizarlo”.
Antes de Santos, el ayuntamiento estuvo gobernado por el nacionalista Raúl Francés (2004-2010), que llegó a la alcaldía dos años después de la finalización del edificio en 2002, bajo mandato del popular José Manuel Barros, ahora retirado de la política. “Cuando llegamos ya estaba medio desvalijado, incluso lo vallamos alrededor y también robaron las vallas”, dice Francés, que también hace la misma referencia al temor del Ayuntamiento a derribar el edificio y tener que devolver los fondos europeos. “Yo lo comparo con una pequeña Cidade da Cultura a nivel local, se había gastado el dinero y no sabíamos qué hacer con el edificio”, explica resignado.
Cuando llegó a la alcaldía, el exregidor nacionalista se interesó por los antecedentes de la obra. “Pedí el expediente y era alucinante. La justificación de la subvención era solo de un folio, con escaso rigor. No sé como pudo salir adelante esa subvención porque siendo yo alcalde pedimos varias ayudas a Europa y eran muy estrictos con todo”, recuerda el anterior regidor. Para Francés, lo más increíble del proyecto es que se decidiese construir “en medio de una zona inundable de la laguna”. Algo que también ratifica Diego Vieites de Verdegaia, que apunta que “el edificio no era mala idea pero nunca se debió construir ahí”.
Pero lo cierto es que acabó construyéndose. Y acabó sumando más despropósitos a la historia de As Gándaras de Budiño. El fallecimiento de una persona recogiendo chatarra supone, por el momento, un triste epílogo a una cadena de desatinos: una ubicación inadecuada, la carencia de planificación y la descoordinación entre Administraciones. Pero como bien sentencia una persona que conocía al fallecido, “qué le importarían a él y su familia los fondos europeos, lo que importa es que iba a por unos euros para pasar la Navidad y ni a Navidad llegó”.

Fte: www.elpaís.com

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