martes, 21 de mayo de 2013

Esclavitud infantil y conservas en Tailandia

Fte: extracto de www.lavozdegalicia.es


Entrevista al secretario general de la patronal Anfaco, Juan Manuel Vieites.

El que no haya estado en una conservera tailandesa no es fácil que pueda hacerse una idea de lo que es aquello.
 
-¿Usted ha estado?
-Sí. En alguna factoría no me dejaban entrar. Solo después de hacernos un lavado de cerebro [acompañaba a un empresario local] nos dejaron el paso franco.
-¿Y qué vio?
-Auténticas barbaridades. Para empezar, un incumplimiento claro de los acuerdos sobre derechos humanos, porque hay niños trabajando en las plantas. Por supuesto, los controles de seguridad del producto brillan por su ausencia. Baste decir que ni siquiera tienen medidores de temperatura en los esterilizadores. Cuando le pregunté al operario que los manipulaba que cómo sabía a cuántos grados estaba me respondió que no había problema, que le daba dos vueltas a la palanca y lo mantenía cerrado 25 minutos. Por no hablar de las condiciones en las que llega el pescado a las factorías...
-¿Y cómo llega?
-Caminando solo.
-Denoto cierta ironía.
-Cierta, no, toda. He visto descargar atunes a familias enteras, niños incluidos, desde los barcos hasta unas chalanas. Una vez en el muelle, con aquel calor y toda aquella humedad, los cargan en motocarros para llevarlos hasta las fábricas de transformación. Cuando por fin llega el bonito, ya no es que se haya descongelado, ¡es que casi ha aprendido hasta a andar! Pero, claro, como la teoría dice que la esterilización lo mata todo...
-Se supone que la UE tiene que cumplir sus propias normas.
-Lo cierto es que muchas veces nos preguntamos qué hacen los inspectores. Solo cuando insistimos mucho realizan controles. Por ejemplo hace unos meses. Y se confirmaron nuestras sospechas. Hubo 19 alertas alimentarias en países como Finlandia, Polonia, Malta...
-¿En cuestión de salarios también hay tanta diferencia?
-Sí. El presidente de la primera compañía tailandesa, que es lo mismo que decir del mundo, visitó una conservera viguesa hace unos años. Se quedó impresionando. «Con lo que ustedes gastan aquí, tengo yo 15 fábricas, y con lo que usted paga a una persona, yo tengo 26». Es la prueba evidente de que no estamos jugando con las mismas reglas.

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