viernes, 10 de julio de 2015

Pactos partidistas: cuando vale todo, todo vale.

Interesante reflexión. Y yo me pregunto, ¿tendrá algo que ver el que en el centro de la política no están las necesidades del pueblo, de los más necesitados?

 (Roberto Blanco Valdés, La voz de Galicia)

Como en cualquier institución parlamentaria (local, regional o nacional) no se puede gobernar sin mayoría, o bien se fija una normativa electoral que favorezca conseguirla (el sistema mayoritario, como en el Reino Unido, o los llamados premios de mayoría, como en Italia o Grecia) o bien no se adopta ninguna medida de ingeniería electoral, dejando a los partidos la decisión de pactar como les plazca según sus egoístas intereses.
La segunda opción, aplicada en España de 1977 en adelante, puede ser respetuosa con la voluntad de los electores cuando el sistema de partidos no está muy atomizado, de modo que, si el ganador no obtiene la mayoría necesaria, los perdedores (generalmente uno grande y uno pequeño) se unen para conformar la alternativa. Así sucedió con los pactos entre el PSOE y el PCE o entre el PSdeG y el BNG.
Aunque desde el punto de vista democrático creo muy discutible que un Gobierno sostenido por la suma de 25 y 13 diputados sea más representativo, por ejemplo, que uno que apoyarían 37, las reglas del parlamentarismo son las que son. Ahora bien, tales reglas se desvirtúan hasta la caricatura cuando el sistema de partidos se atomiza y, frente al ganador, aparece el camarote de los Hermanos Marx.
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Lo que está ocurriendo en Galicia con las diputaciones lo pone de relieve con una pasmosa (¡y nunca mejor dicho!) transparencia. Dado que en la coruñesa el PP no puede gobernar con tan solo 13 de sus 31 diputados, el PSdeG exige tener la presidencia, pues suyos son 8 de los 18 de la oposición. Pero, claro, esos 8 son menos que los 10 de otros partidos y 5 de esos 10 (¡de cuatro fuerzas!) podrían ponerse de acuerdo para apoyar al BNG. ¿Qué es más democrático? ¿Qué más representativo? Los socialistas lo tienen claro, aunque obvian que su ventaja sobre el BNG (3 diputados) es casi la mitad que la que el PP tiene sobre ellos (5), sin que al PSdeG tal cosa le parezca ningún inconveniente para hacerse con la presidencia de la diputación a costa del PP. Por lo demás, si el BNG va a apoyar al PSdeG en la diputación de Pontevedra, por qué no va el BNG a exigir a cambio en la coruñesa una compensación.
El problema, claro, es que una vez que todo vale (pactar a discreción con quien sea para echar al ganador de las instituciones, incluso cuando se ha acercado a la mayoría absoluta, que es lo que han hecho los socialistas tras las últimas elecciones municipales y autonómicas) vale todo: es decir, son posibles todo tipo de componendas, trapicheos, chanchullos, trapisondas y acomodos, sin que exista más racionalidad que el interés de cada cual por ocupar poder y aunque haya para ello que pasarse por el arco del triunfo el sentido del sufragio de los electores, a los que no queda al fin más que contemplar como los partidos, ya perdida la vergüenza, hacen mangas y capirotes con los votos.

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